- hace 1 hora
- 1 Min. de lectura
No hay derrota posible para los que se abandonan
Las cosas que tienen solución se solucionan combatiéndolas. Y las cosas que no tienen solución se solucionan entregándose, dejando los imposibles en las manos del Padre.
La oración de abandono, como acto y actitud, es un camino de alta velocidad para conducirnos a toda liberación, a toda santidad, y (¿por qué no?) a toda felicidad. La oración de abandono hace vivir en alto voltaje los elementos más constitutivos del Evangelio: la fe y el amor.

Padre, en tus manos me pongo.
Haz de mí lo que quieras.
Por todo lo que hagas de mí te doy gracias.
Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo,
Con tal de que tu voluntad se haga en mí.
Pongo mi alma entre tus manos,
te la doy, Dios mío,
con todo el ardor de mi corazón porque te amo,
y es para mí una necesidad de amor
el darme, el entregarme
entre tus manos sin medida,
con infinita confianza
porque tú eres mi Padre. Amén. (Charles de Foucauld)
Y la paz ya está tocando las puertas del corazón.
Extraído del libro “Itinerario hacia Dios” de padre Ignacio Larrañaga




Comentarios