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Jesús, redentor de los instintos
Sólo Jesús puede bajar a las profundidades donde habitan los instintos, calmar las olas, controlar las fuerzas salvajes y transformarlas en amor. Sin Jesús, no es posible el amor evangélico.
Si el hermano, con un golpe en la frente, se da un toque de atención, diciéndose a sí mismo: ¡despierta!, ¡recuerda!: no es ése el estilo de Jesús no es su ejemplo ni su precepto; tengo que sentir y actuar como Jesús; ¿qué sentiría?,¿qué diría Jesús en mi lugar? Si en ese momento el hermano hace vivamente presente a Jesús, Jesús mismo atajará el paso a esos impulsos oscuros y sofocará las voces del instinto.

Cuando el hermano recuerde que Jesús supo devolver bien por mal, supo guardar dignidad y silencio ante el tribunal de los acusadores, cómo trató al traidor, cómo miró a Pedro, cómo fue siempre pobre y humilde de corazón, cómo perdonó setenta veces siete, cómo fue conmovedoramente compasivo y misericordioso con toda la fragilidad humana... instintiva e instantáneamente se preguntará cuál sería la reacción de Jesús, si estuviera en su caso..., y habrá comprensión, bondad, acogida.
Extraído del libro “Transfiguración” de padre Ignacio Larrañaga
