- 10 jul
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Acoger el misterio infinito de Dios
Una cosa es la palabra de Dios y otra cosa es Dios mismo. Una cosa es la palabra amor y otra cosa es el amor. Dios no es una teoría, ni una teología. Es una persona concreta, y a una persona se la conoce por medio del trato personal; y ese trato personal confiere aquel conocimiento (experimental) «que supera todo conocimiento». Si no nos echamos de cabeza en el mar de Dios, nunca sabremos quién es Dios.

Nadie tiene derecho a hablar de Dios si no habla con Dios, porque, de otra manera, pronto nos transformamos en bronces que resuenan o en simples jugadores de palabras vacías. Así se comprende que, en la Iglesia, haya frecuentemente mucha productividad y estadísticas brillantes, pero también está a la vista que tal productividad no es proporcional a la verdadera fecundidad. La productividad depende del esfuerzo humano, y es una actividad cuantificable y reductible a cifras y estadísticas. La fecundidad, en cambio, depende de Dios mismo: él es el único autor de la gracia, gracia que es distribuida a través de siervos humildes y sinceros amigos del Señor.
Extraído del libro “Itinerario hacia Dios” de padre Ignacio Larrañaga




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