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María, Nuestra Madre
María no es soberana sino servidora. No es meta sino camino. No es semidiosa sino la Pobre de Dios. No es todopoderosa sino intercesora.
María es para cualquier momento consolación y paz. Ella transforma la aspereza en dulzura y el combate en ternura. Ella es benigna y suave. Sufre con los que sufren, queda con los que quedan y parte con los que parten. La Madre es paciencia y seguridad.
Ella es nuestro gozo, nuestra alegría y nuestra quietud. La Madre es una inmensa dulcedumbre y una fortaleza invencible. Es, por encima de todo, la Madre que sigue dando a luz a Jesucristo en nosotros.

Extractado del libro “El silencio de María” de padre Ignacio Larrañaga




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