- hace 11 minutos
- 1 Min. de lectura
La luminosa naturaleza de Dios
Dios se salió de sus "fronteras", y se derramó en diferentes tiempos y maneras. Acompañó al hombre sobre la arena del desierto. De día lo cubría contra los rayos solares. De noche, para evitarle el temor, tomaba la forma de una brillante antorcha de estrellas. El Señor plantó su tienda cerca del hombre, en viaje, junto a las palmeras. Se transformó, además, en espada y trompeta en boca de los profetas. Hizo proezas increíbles.
Después de tanta cosa, cuando los tiempos llegaron a su madurez, rebasó toda imaginación, entregándonos lo que más quería: su Hijo.

Dios envió a su Hijo único
a este mundo
para darnos vida eterna
por medio de Él.
No somos, pues, nosotros,
los que hemos amado a Dios.
Fue Él, el primero en amarnos (I Juan 4, 10-19)
Si nosotros deseamos participar de la luminosa naturaleza de Dios, sólo nos queda una vía para esta divinización: la del amor, porque Dios es Amor.
Extraído del libro “Sube conmigo” de padre Ignacio Larrañaga, pág. 123




Comentarios