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Santísima Trinidad
“¡Oh, Trinidad eterna! Tú eres un mar sin fondo en el que, cuanto más me hundo, más te encuentro; y cuanto más te encuentro, más te busco todavía. De Ti jamás se puede decir ¡basta! El alma que se sacia en tus profundidades te desea sin cesar porque siempre está hambrienta de Ti; siempre está deseosa de ver tu luz en tu luz.

¿Podrás darme algo más que darte a Ti mismo? Tú eres el fuego que siempre arde, sin consumirse jamás. Tú eres el fuego que consume en sí todo amor propio del alma; Tú eres la Luz por encima de toda luz.
Tú eres el vestido que cubre toda desnudez, el alimento que alegra con su dulzura a todos los que tienen hambre.
Revísteme, Trinidad eterna, Revísteme de Ti misma para que pase esta vida en la verdadera obediencia y en la luz de la fe con la que Tú has embriagado mi alma”.
Extraído del libro “Muéstrame tu rostro” de padre Ignacio Larrañaga




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