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Himno a la humildad

El humilde no se avergüenza de sí
ni se entristece;
no conoce complejos de culpa
ni mendiga autocompasión;
no se perturba ni encoleriza,
y devuelve bien por mal;
no se busca a sí mismo,
sino que vive vuelto hacia los demás.
Es capaz de perdonar
y cierra las puertas al rencor.
Un día y otro día el humilde aparece
ante todas las miradas vestido
de dulzura y paciencia,
mansedumbre y fortaleza,
suavidad y vigor,
madurez y serenidad.
El camino de la humildad siempre aterriza en la meta del amor.




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