Desde la pobreza al amor
Después de que del rumor de nuestros pasos surgiera el tiempo, y después que el tiempo hubo llegado a su zenit, Cristo se hizo presente en el tiempo, y, renunciando a las ventajas de ser Dios, se sometió a todas las desventajas de ser hombre, y una vez reducido a nuestra estatura, descendió incluso a los niveles infrahumanos.

Descendido al nivel de estos abismos, se bajó más todavía, hasta tocar el fondo final, el polvo de la nada, negando su propio instinto de vivir, en obediencia amorosa al Padre, cuya voluntad había permitido o dispuesto que el Hijo amado desapareciera en las ruinas de la catástrofe, sumiso y obediente hasta la muerte y la muerte en cruz.
Aquí es donde la Libertad levantó triunfalmente su testa coronada de luz. Negándose a sí mismo, Cristo se trascendió a sí mismo. Esto es: negándose, hizo en su ser un enorme vacío, y este vacío fue para él el espacio de libertad que le permitió ser el hombre para los demás hombres. Por libre, fue disponible; y, al estar disponible, pudo ser el servidor del Padre y de los hermanos. Desde la pobreza al amor.
Extraído del Pobre de Nazaret de padre Ignacio Larrañaga




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