Hijos de la eternidad
Y, después de extender la mirada sobre el tiempo pasado, el salmista trasciende todos los tiempos, y, con poderosas palabras, se coloca en un presente que abarca el ayer y el mañana; y, entregándonos una visión llena de grandeza, proclama el eterno presente de Dios. Efectivamente, en el fondo del Salmo se mueve la majestad divina como una corriente perenne, eternamente igual a sí misma, en contraste con la incesante mudanza de la naturaleza humana.

Antes que naciesen los montes,
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre Tú eres Dios.
Es una cosmovisión poderosa en que el salmista mira hacia atrás, mira hacia adelante, pero no se queda ni con el pasado ni con el futuro, sino con el presente: Tú eres.
Del libro “Salmos para la Vida” de padre Ignacio Larrañaga




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