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Recuerdos trascendentes de un 4 de octubre


“No esperábamos la aprobación canónica de los Talleres antes de dos o tres años tras haber entregado el material ante la Santa Sede en noviembre de 1996. Sin embargo, para gran sorpresa nuestra, el Decreto de aprobación se firmó el 4 de octubre de 1997, antes de cumplirse un año desde la fecha de solicitud. Sorprendente rapidez.


Por otra parte, el Decreto y su contenido superaron con creces nuestras expectativas, deseos y solicitudes, nos reconoce sin más trámites previos, como una Asociación Internacional de fieles, de derecho pontificio y con personalidad jurídica. El Decreto, para su aprobación, se fundamenta, entre otros factores, en el hecho de "haber recibido muy numerosos testimonios de Obispos diocesanos y párrocos de diversos países y Continentes que señalan los buenos frutos de conversión, de santidad y apostolado suscitados por los Talleres".

La recepción del Decreto se efectuó en una ceremonia solemne que de ninguna manera resultó protocolar y fría, sino excepcionalmente cálida y familiar, en que tanto el Presidente como el Secretario General del Consejo Pontificio enfatizaron una y otra vez sobre el número extraordinariamente alto de testimonios y recomendaciones de la Jerarquía de diversos países y continentes; y acabaron por entregarnos fervientes palabras de congratulación, estímulo y aliento.


Personalmente, me sentí embargado por un gozo retenido, complejo y profundo, como un presentimiento de que Dios mismo acabara de sancionar y coronar la obra múltiple de los últimos 25 años”.



Extractado del libro La Rosa y el Fuego del padre Ignacio Larrañaga