- Fundación TOVPIL

- 29 ago 2025
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Las misericordias del Señor.
Derrama sobre mí, Dios mío, las aguas de todas las fuentes sagradas para que yo quede puro como una criatura recién nacida. Insisto: no te canses: vuelve a sumergirme en las aguas purificadoras de tu misericordia, lávame una y otra vez, y verás cómo mi alma queda más blanca que la nieve de las montañas.

Despierta en mí, Dios mío, todas las arpas de la alegría; pulsa las cuerdas del gozo en mis entrañas más íntimas; los huesos humillados levanten la cabeza para entonar el himno de la alegría; mi alma que fue abatida por la tristeza y la vergüenza, ahora, al ser visitada por la Misericordia, pueda beber el agua fresca de la alegría.
Retira tu mirada de estas llagas coaguladas, o mejor, míralas con ternura, tu ternura sanadora. De nuevo te pido: barre y borra las señales, las cicatrices que dejaron en mí los quebrantos y las culpas.
Del libro “Salmos para la vida”, de padre Ignacio Larrañaga




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