- Fundación TOVPIL

- 30 may 2025
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La vida y la oración
Las características de nuestros impulsos son la sorpresa y la violencia. Cuando estoy descuidado, soy capaz de cualquier torpeza. Cuanto más oro, más vivo está Jesús en mi conciencia, y, cuanto más vivo y alerta, más fácilmente neutralizaré mis impulsos y más amor habrá en mis reacciones.
Así, los impulsos de irritabilidad, envidia, venganza, sed de honor y placer... se superan en Jesús y con Jesús. Con esto crece el amor, y, como el amor es unitivo por ser peso (pondus, según san Agustín), crece la atracción o velocidad hacia Él, hacia un nuevo encuentro.

En el encuentro su presencia se hace de nuevo más densa. De esta manera, queda en mí menos egoísmo y más amor. Salto a la vida, y con Jesús todo es fácil y todo tiene sentido. Vivir es un privilegio.
Cada logro se compensa con una gran alegría y satisfacción. Crece el peso, que me arrastra otra vez al encuentro y, del encuentro, a la vida de nuevo. Y así sucesivamente. Este es el circuito vital en el que la vida y la oración van de la mano en un crecimiento armónico y alterno.
Extraído del libro “Dios adentro” de padre Ignacio Larrañaga




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