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La gran madre


Si ustedes se asoman al Nuevo Testamento con ojos del tipo contemplativo, van analizando y van viendo, encontrarán a una mujer, la pobre de Dios, sensacional, y que, resumiendo todo, es la gran desaparecida, el silencio. Y por eso, hasta el fin del mundo, será la gran MADRE en el sentido de la fecundidad, sencillamente porque fue la gran desaparecida.

Y Dios se revela y se transparenta a través de personas que según el mundo no valen nada. Pablo no habla de María ni media palabra, solamente en las Cartas a los Gálatas cuando dice: “vino Jesucristo… nacido de mujer” y nada más. Y claro, era un hombre tenía que nacer de una mujer. Era eso nada más. Pablo, que en otra carta se gloría de haber conocido al hermano del Señor, a Santiago (hijo de José), en cambio de su madre no dice absolutamente nada.


Claro está que tenía otras razones también, era un contexto cultural completamente de patriarcado. Pero aquella mujer fue la gran desaparecida. Fue el silencio, fue la gran desparecida. Y por eso es que Dios se desbordó a través de ella, y no solamente entonces sino hasta el fin del mundo.


De la 4ª Charla de encuentros previos a los inicios de talleres de oración de P. Ignacio Larrañaga. 1984