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El secreto de la paz


Vivir es sumergirse en la gran corriente de la vida, participar, de alguna manera, del curso del mundo, mirar todo con veneración, tratar con ternura a todas las criaturas, sentir gratitud y reverencia por todo lo que existe.


Y, entonces, cuando el corazón humano se ha desprendido de sus cadenas apropiadoras y ha renunciado a la codicia del poseer, en fin, se ha purificado de todo lo que envenena las fuentes de la alegría, entonces retornaremos a la primera aurora en la que todo era bueno.


En la época de los deshielos el río se sale de madre, inunda los valles y arrastra consigo viviendas, animales y personas al seno de la muerte. Es su ley. El gavilán se alimenta cazando avecillas indefensas, la brisa es fresca, el cierzo frío, el bochorno caliente. Los seres vivientes nacen, crecen y mueren. En la primavera llegan las golondrinas y en el otoño se van. Todo está bien.

Vivir es respetar las leyes del mundo, no irritarse contra ellas, entrar en su curso con gozo y ternura, dejar que las cosas sean lo que son, dejarlas pasar a tu lado sin torcer su rumbo. He aquí el secreto de la paz.



Del libro El arte de ser feliz de padre Ignacio Larrañaga