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El miedo y la fe


En general, nuestros miedos provienen de la experiencia de la soledad existencial. Al sentirnos interiormente solos, nos sentimos también inseguros, desprotegidos, y de la inseguridad nace el miedo.


¿Cómo vencer el miedo? Venciendo la inseguridad. ¿Cómo vencer la inseguridad? Venciendo la soledad. Y hay una sola manera de vencer la soledad: poblándola de Presencia (así, con mayúsculas) y esta Presencia "es" Aquel que está presente en todo tiempo y en todo lugar.

Cuando una víctima del miedo y hasta del pánico, toma conciencia de que el Todopoderoso es también el Amoroso, y Él está conmigo de día y de noche adondequiera que yo vaya, y pase lo que pase. Todo acabará bien, porque si mi Dios es omnipotente y está conmigo, ¿miedo a qué? "¿La aflicción, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?" en todo vencemos fácilmente por Aquel que nos ha amado" (Rom 8, 35-37).


Hace años he llegado a la convicción de que para derrotar al supremo enemigo del corazón humano que es el miedo, no hay arma más invencible que la fe viva.


Dios que es puro Amor gratuito y eterno, habita en mi interior como una presencia poderosa, amorosa y materna, y me cuida y me protege. Y dentro de mí ya reina la paz. Vendrá el mañana con sus problemas, pero también con sus soluciones.


Extractado del libro Las fuerzas de la decadencia de p. Ignacio Larrañaga.