- 15 ago 2025
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Contemplando a María en el día de su Asunción
Estoy seguro de que la fe de María fue asaltada y combatida (más nunca abatida) por un escuadrón de preguntas que llegaban en sucesivas oleadas.
Para no sucumbir tuvo que desplegar una enorme cantidad de fe adulta, fe pura y desnuda, aquella que sólo se apoya en Dios mismo.
Su secreto fue éste: no resistir sino entregarse. Ella no podía cambiar nada: ni la misteriosa tardanza de la manifestación de Jesús, ni la rutina que, como una sombra, iba envolviendo e invadiendo todo, ni el silencio desconcertante de Dios… Si María no podía cambiar ¿por qué resistir? El Padre lo quería así o lo permitía así.

Solamente el desenvolvimiento de una gran intimidad con el Padre, y el abandono inquebrantable en sus manos, libró a María del peor escollo, en su peregrinación.
Así realizó María la travesía de los 30 años, navegando en el barco de la fe adulta.
Todo el misterio de María estuvo enterrado entre los pliegues del silencio, durante la mayor parte de su vida. Muchos de sus privilegios “Inmaculada, Asunción…” estuvieron en silencio, inclusive en la Iglesia, durante muchos siglos. Volvemos a la misma conclusión: lo definitivo está en silencio.
Extraído del libro “El silencio de María” de padre Ignacio Larrañaga.




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