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Todas nuestras fuentes están en Ti
Los vestigios de la creación, las reflexiones comunitarias, las oraciones vocales pueden hacernos presente al Señor; pero son, si se me permite la expresión, “partículas” de Dios. Las criaturas pueden evocarnos al Señor: una noche estrellada, una montaña cubierta de nieve, un amanecer ardiente, nos pueden “dar” a Dios, pueden despertárnoslo, pero no son Dios mismo, sino evocadores, despertadores de Dios.
Y el alma verdaderamente sedienta no se conforma con los mensajeros como dice san Juan de la Cruz.

Para penetrar en el santuario del salmo 139, el hombre debe tener presente que Dios no sólo es su creador, no sólo está objetivamente presente en su ser entero, al que comunica la existencia y la consistencia; es preciso también tener presente que Él lo sostiene, pero no a la manera de la madre que lleva a su criatura en sus entrañas, sino que, en una dimensión mucho más profunda, y distinta, verdaderamente Dios lo penetra y lo mantiene en su ser.
A pesar de esta estrecha vinculación entre Dios y el hombre, no hay, sin embargo, simbiosis ni identidad alguna, sino que, más bien, la presencia divina es una realidad creante y vivificante, realidad que el salmista verbaliza con una expresión de alto vuelo poético: “Todas nuestras fuentes están en Ti”.
Extraído del libro “Salmos para la vida” de padre Ignacio Larrañaga




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