- Fundación TOVPIL
- 21 oct 2022
- 1 Min. de lectura
Hacia la serenidad
Infinito en sueños e insignificante en realizaciones, eso es el hombre. Desea mucho, puede poco; apunta alto, clava bajo; hace lo que no le gusta y no puede hacer lo que le gustaría; se esfuerza por ser humilde, no puede; intenta agradar a todos, no lo consigue; se propone metas altas, se queda a medio camino; lucha por suprimir los rencores, extirpar las envidias, calmar las tensiones, actuar con paciencia..., pero no se sabe qué demonios interiores le salen al paso y le hacen fracasar. Originariamente el hombre es esto: contingencia, precariedad, limitación, impotencia... Y ésta es la fuente más profunda del sufrimiento humano.

El error fundamental del hombre consiste en vivir entre sueños y ficciones. En cambio, el capítulo primero de la sabiduría consiste en mirar todo con los ojos abiertos, permanecer sereno y sin pestañear ante las asperezas de la realidad, aceptándola como es, aceptando que somos esencialmente desvalidos, que es muy poco lo que podemos, que nacemos para morir, que nuestra compañía es la soledad, que la libertad está mortalmente herida, que con grandes esfuerzos vamos a conseguir pequeños resultados... La vida del hombre sabio deberá ser un constante pasar de las ilusiones a la realidad, de la fantasía a la objetividad. Necesitamos declarar la guerra a los ensueños, desplumar las ilusiones y avanzar hacia la serenidad.
Extraído del libro “El Arte de ser Feliz” de padre Ignacio Larrañaga
Comentarios