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Todo es gracia


Jesús habla de Dios, y detrás de sus palabras se oye el eco de una pasión. Se pone en pie como la cumbre de una cordillera para declarar: Dios-es-Todo.


Sólo Dios es Señor del universo y autor del Reino. El sale a buscar obreros para su viña. No hay que preguntarle por el salario, aunque al último se le haya pagado como al primero. No hay salario, todo es regalo (Mt. 20, 1-20). El organiza las bodas, y El mismo sale a los caminos y, plazas para buscar invitados (Mt. 22, 1-14). Sí, El mismo envía las invitaciones (Lc. 15, 3-7).


Como quisieran los hombres jugar ciertas cartas, por ejemplo, saber y disponer del momento y de la hora del final. Es inútil. Ni siquiera lo sabe el Hijo del Hombre. Sólo Dios sabe la hora exacta (Mc. 13, 32; Mt. 24, 36; 25, 13). Todo-es-Dios.

¿Vanidades ridículas? ¿Que quién ocupará el primer puesto? ¿Sois vosotros capaces de soportar la prueba? Aunque seáis capaces, sabed que ni yo mismo, con ser el Hijo, lo puedo disponer. Sólo Dios lo dispone. El señalará a cada cual su puesto. Todo-es-Gracia. Nadie merece nada. Aquí todo se recibe.


Solamente los que se “hacen” pequeñitos pueden recibir el Reino, la vida, la comida, el vestido, la educación, el cariño. El Reino es un Don, un Regalo (Lc. 12, 32). Jesús “conoció” a Dios en sus largos encuentros y allí “descubrió” que Todo es gracia.



Extractado del libro Muéstrame tu Rostro, del padre Ignacio Larrañaga.