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Si Jesús estuviera en mi lugar


Si estuviera en mi lugar aquel Jesús que vino a sanar a los de corazón herido, a anunciar la libertad a los esclavos, dar a los ciegos la vista y a los oprimidos la liberación... aquel Jesús que se compadeció del leproso, de los enfermos y de los hambrientos, y que se entregó a los últimos y abandonados con su oración, sus milagros, su palabra, su mano, la franja de su vestido... si él estuviera en mi lugar, ¡cómo se dedicaría a dejar en cada puerta un vaso de alegría! ¡Cómo tomaría el teléfono para entregar una palabra de aliento a aquel desconsolado, un estímulo a aquel fracasado, una palabra de ánimo a aquel deprimido...!

Si estuviera en mi lugar aquel Jesús que ante los acusadores y jueces procedió en todo momento con humildad, silencio, paciencia y dignidad, sin justificarse ni defenderse... si Él estuviese ante las salidas irritantes de aquel familiar, del compañero de trabajo, o del hermano de la comunidad...


No tenemos ante los ojos otro camino ni mejor modelo que Cristo Jesús, aquel Jesús cuyos únicos predilectos fueron los pobres, amigos de publicanos y pecadores, aquel que fue delicado y atento con los amigos y con las mujeres, aquel que fue sincero y veraz con amigos y enemigos, que sí, tuvo preferencias, pero no exclusividades, y que, por encima de todo, sólo hizo una cosa en su fugaz y vertiginosa carrera: AMAR.



Extractado del libro Itinerario hacia Dios del padre Ignacio Larrañaga