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Revelación del Padre


Más allá de las metáforas, Jesús presenta la salvación como un vivir perpetuo en la casa del Padre, mientras la condenación es esencialmente separación, quedar para siempre fuera de los muros dorados de la casa paterna. Infierno es ausencia, soledad, vacío, nostalgia sin remedio... Los discípulos no habrían comprendido estos conceptos tan elevados, si Jesús no les hubiera infundido con anterioridad un gran anhelo por ese Padre. ¿La Vida Eterna? Que te conozcan a ti (conocer en el sentido de poseer).


Todo el problema de la salvación y de la condenación gira siempre, pues, en torno a la ausencia y presencia del Padre. ¿Sepulcro? ¿Aniquilación? ¿La nada?

No, la muerte es entrar en el gozo del Señor.

El Cielo es el Padre, el Padre es el Cielo. ¿La patria? No existe patria. La patria entera es el Padre. ¿La casa del Padre? No existe tampoco la casa del Padre. La casa del Padre es el Padre mismo. ¿Jesucristo? Jesucristo es el Enviado para revelarnos el rostro paterno de Dios y para abrir unos pozos de nostalgia en el suelo humano. Pozos de nostalgia que serán plenos, saciados para siempre con la posesión simultánea y total de la vida interminable, del Amor infinito.




Del libro Dios Adentro del padre Ignacio Larrañaga