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Nuestra relación con Dios

Cualquiera puede tener la experiencia de que cuando se avanza en la relación personal con el Señor, a Dios se le siente más próximo y viviente.


No es que Dios cambie. Él es inmutable en sí mismo y está inalterablemente presente en nosotros. Lo que realmente cambia son nuestras relaciones con él según el grado de fe y amor. La fe, la esperanza y el amor hacen a Dios más vivo y presente para mí.


Cuando se establecen relaciones profundas y frecuentes con él, su presencia se torna más densa en mí, para mí. No se trata de una presencia más concreta, sino de un Alguien más vivo y presente con quien se superan con facilidad las dificultades, se asumen con alegría los sacrificios, las contrariedades ya no duelen tanto, los disgustos ya no nos destrozan, donde había violencia se pone suavidad y nace por doquier la alegría y amor.



Del libro Itinerario hacia Dios de padre Ignacio Larrañaga