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La adoración


La adoración, por su carga de asombro y admiración, y también por el hecho de hacer a la persona olvidarse de sí misma y volverse hacia los demás, es la suprema liberación humana. Podemos agregar mucho más: no existe en el mundo terapia psiquiátrica tan liberadora de obsesiones y angustias como la adoración.

La razón es simple: las ansiedades, los temores, las preocupaciones, y, sobre todo, las obsesiones, son efecto y fruto de estar volcados sobre nosotros mismos, atados, y con frecuencia adheridos morbosamente a la mentira de la propia imagen. Si cortamos todas esas ligaduras, y soltamos al viento las aves enjauladas y las energías constreñidas, seducidas éstas por el Altísimo, la vida se torna en una fiesta de libertad.

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Por eso, en los Salmos 8 y 104 no aparece ninguna referencia a sí mismo ni a los enemigos del salmista. Absorbido el salmista por el fulgor de Dios y de la creación, olvidado de sí, desterradas las inquietudes y los miedos, sólo le queda espacio y tiempo para lanzarse, con la mirada maravillada, en un movimiento sin retorno, hacia Aquél que es el Único Dios.



Del libro Salmos para la vida del padre Ignacio Larrañaga