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El que ha venido y está viniendo


“El que ha venido”, “el que está viniendo” Jesucristo es “el que ha venido”, pero también es “el que está viniendo”. Ambos aspectos, ni se contraponen ni se anulan, antes bien, en su eterna dialéctica, se complementan, caminando al unísono hacia la “plenitud” (Ef 1, 23).


Tenemos a la vista un castillo medieval, asentado sobre un roquerío casi inaccesible. Lo miramos desde la llanura: parece una nave. Lo observamos desde el barranco: parece un nido de águilas. Si entramos en su interior, todo son ruinas. ¿Cuál es el verdadero castillo? Todas las facetas o enfoques del castillo son verdaderas, pero incompletos.

Jesucristo, siendo perfecto y acabado en sí mismo, es siempre para nosotros incompleto e inagotable. Cuando caiga el telón de la historia entonces será cumplidamente completo; o, mejor, cuando Él haya llegado a su plenitud, entonces caerá el telón de la historia. Mientras tanto, la Iglesia está siempre en la etapa de la adolescencia, siempre en crecimiento.


Quienes se cruzaron con Él en la mitad de la corriente, volverán con una imagen en la retina, una imagen original, siempre distinta. En la medida en que las distintas imágenes se vayan superponiendo, la fotografía de Cristo se irá haciendo más completa. No cabe duda, por ejemplo de que la reflexión cristiana del Continente africano acabará por aportar matices originales a la figura de Cristo. Seguramente, un Cristo contemplado desde el Tercer Mundo ofrecerá un rostro diferente.


Entre tanto, ni las razas de mirada analítica, ni los pueblos de ancestros dormidos, ni los siglos iluminados lograrán sorprender en su totalidad la vastedad del misterio de Cristo. Espíritus de estatura estelar, como Francisco de Asís o Teilhard de Chardin, ni siquiera ellos, con sus ojos asombrados, lograron abarcar las dimensiones de la inescrutable riqueza de Cristo.



Del libro El pobre de Nazaret, del padre Ignacio Larrañaga

Cap 8 consumacion El pobre de Nazaret pag 382