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El corazón de nuestro Padre


El Pobre de Nazaret era como un pastor, les hablaba a los aldeanos así:


“¿Ojo por ojo y diente por diente? Caducó esa ley carnal. ¿Qué gracia tiene amar al amable y aborrecer al desagradable? Así reaccionan los gentiles. Lo monstruoso es que nuestros legisladores transportaron esa ley salvaje al corazón de nuestro Padre.

Y así siempre han pintado a Dios con ojos cargados de cólera y granizo, disparando rayos para reducir a cenizas a los pobres pecadores. ¡No es así! Muy por el contrario: el Padre deja al rebaño entero para caminar por sendas bordeadas de precipicios; se asoma a los abismos, sube a los riscos más escarpados para ir en busca de la oveja perdida.


Y, cuando la encuentra, no la somete a cuarenta azotes menos uno, sino que la toma a hombros con ternura infinita, y vuelve feliz a su casa cantando y diciendo que aquella alma le daba más alegría que el mundo entero. En lugar de rechazar y condenar, el Padre corre y busca con ansia precisamente a las ovejas heridas, enfermas, acosadas por el lobo…


No sé de qué otra manera decírselos…, el Padre es así”.



Extractado del libro El pobre de Nazaret del p. Ignacio Larrañaga