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Conversión, camino del amor


Penitencia significa, también, conversión. Y convertirse significa, a su vez, un avanzar dificultoso desde el hombre hasta Dios. Es decir, un incesante “pasar” desde las estructuras psíquicas del “hombre viejo” (Rom. 6, 6) hacia las “estructuras” de Dios. ¿Cuáles son éstas? Son las estructuras del Amor, porque Dios sustancialmente es AMOR (1 Jn. 4, 16). Con otras palabras: conversión es un estar “pasando” del egoísmo al amor.


En el Evangelio, Jesús nos señala la ruta para este “paso” con la fórmula “cambiad vuestros corazones” (Mc. 1, 15; Mt. 4, 17). Pero el Sermón de la Montaña es la estrategia más profunda de liberación de las esclavitudes y exigencias del egoísmo, nos habla de la pobreza de espíritu, la humildad, la mansedumbre, el perdón…

Todo ello está significando que las exigencias idolátricas del "yo" han sido negadas, incluso reprimidas, y de esta manera, las violencias interiores han sido calmadas. Y, una vez que esas energías han sido liberadas, desatadas y desencadenadas de ese yo inflado por las ilusiones y los sueños, se transforman automáticamente en amor. Y ahora sí, en la segunda parte del Sermón de la Montaña, podremos utilizar esas energías egoístas, transformadas ya en amor, al servicio de los demás.




Extractado del libro Muestrame tu Rostro, de padre Ignacio Larrañaga